Reclamo mi derecho a viajar sola

Es casi un acto revolucionario como mujer, tomar la decisión de viajar sola. Y no lo digo yo, me lo han dicho las miradas de desconcierto de quienes me han preguntado si viajo con alguien más, me lo han dicho sus diversos cuestionamientos sobre mis razones para andar sola, me lo ha dicho las tantas ocasiones en las que me han preguntado si tengo miedo.

Para ser mujer hay que ser valiente

Y es que en muchas partes del mundo el hecho de ser mujer supone acostumbrarse a vivir con miedo: miedo a que te acosen, miedo a que te toquen, miedo a que te droguen, miedo a que te violen y cuando esas cosas pasan, es nuestra culpa: por salir tarde, por usar vestido, por salir de fiesta, por emborracharse, por andar sola.

Esto no es un tema de machismo solamente por parte de los hombres nada más, muchas mujeres han sido condicionadas a pensar de la misma manera.

Culpar a la víctima se ha convertido en la herramienta perfecta para lidiar con nuestra propia disonancia cognitiva, porque hemos fallado como sociedad, hemos fallado como padres y madres, hemos fallado en cultivar empatía e inteligencia emocional en nuestros hijos.

No hay que irse muy lejos, el tema del acoso callejero es uno que se toca prácticamente los días. Nos pasa en nuestros lugares de trabajo y nos pasa en nuestros barrios. Lo hemos normalizado, de pequeñas nos acostumbramos a escuchar a hombres desconocidos a opinar sobre nuestra cara, nuestro cuerpo, nuestra manera de caminar, todo; también aprendemos a tener miedo, a ignorar la situación y evitar confrontaciones, porque al fin y al cabo "son solo palabras".

Pero la palabra crea objetos, porque mientras nosotras pretendemos no haber escuchado lo que nos han susurrado al oído al pasar de lado o lo que nos ha gritado desde un auto, lo que en realidad sentimos es rabia, es miedo, un collage de sentimientos que solamente se pueden traducir en asco y decepción.

La historia de María y Marina

A raíz de una serie de Tweets respecto a lo que hacen algunas chicas cuando tienen que caminar solas por la calle, hoy me levanté con el tema en la cabeza y por alguna razón recordé este caso en particular.

Hoy 21 de febrero, caigo en cuenta que justo el día de mañana se cumple un año del aesinato de las turistas argentinas María Coni y Marina Menegazzo, cuyos cuerpos fueron encontrados dentro de bolsas de plástico en un pueblo en Ecuador días después de su desaparición.

Como es de esperarse, según cientos de espectadores en redes sociales, fue culpa de ellas que las mataran, por andar "solas", porque aparentemente a menos de que te acompañés de un hombre, no importa si estás con otra mujer, en realidad siempre vas a estar sola.

¿Ven, como la palabra crea objetos? ¿ven, como era más importante cuestionar por qué viajaban "solas", justificando así las acciones de un par de psicópatas?

Es una línea de pensamiento tan retorcida, que asimilamos que fue culpa de ellas, que se mataron solas.

María Coni y Marina Menegazzo

María y Marina NO viajaban solas, se acompañaban una a la otra.

María y Marina NO querían ser violadas, querían ser libres e independientes.

María y Marina NO pidieron que las mataran, reclamaron su derecho a viajar y conocer el mundo.

Se trata de nuestro derecho de ir y nuestro derecho de volver

Pero no faltarán los cínicos que a pesar de todo, mantendrán su postura respecto a la culpabilidad de las víctimas y además verán el derecho a viajar solas como un tema de privilegio.

Pero no es así, se trata de nuestro derecho de salir solas a la calle sin sentir miedo, sin sentirnos perseguidas, sin sentirnos juzgadas por como nos vemos, por lo que deseamos, por quienes somos.

Cada vez que legitimamos la violencia de género, cada vez que la normalizamos, cada vez que la minimizamos, recordemos que estamos validando la conducta mezquina de sus perpetradores, les estamos diciendo "dale, de por sí son mujeres y están acostumbradas".

Cada vez que fallamos en explicar a nuestros niños la importancia de la palabra "consentimiento", cada vez que enseñamos a nuestras niñas a "darse a respetar" siguiendo un estúpido código de vestimenta y comportamiento, cada vez que evitamos confrontar a nuestros amigos por sus palabras o acciones que refuerzan la violencia de género, recordemos que fue así como preparamos el camino que mató a María y a Marina.

#ViajoSola

Sí, hace casi 4 años decidí que no iba a permitir que el miedo me impidiera volver realidad uno de los deseos más profundos y persistentes en mi vida.

Y por favor, si en algún momento nuestros caminos se cruzaran y ves como alguien más intenta intimidarme o acosarme por el simple hecho de ser una mujer que anda sola: ayudáme, aunque no lo demuestre posiblemente tengo mucho miedo y una simple acción puede hacer un mundo de diferencia entre el miedo y el optimismo, porque la realidad es que nunca estamos solos, es solo que no nos hemos conocido.

Tenemos derecho de ir y de volver

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